San Martín es una región amazónica que está experimentando profundos cambios. El trayecto de Tarapoto a Juanjui está dominado –entre otros productos menores- por la producción de cacao, arroz y café. En la provincia de Huallaga predomina cacao y café. En Mariscal Cáceres el cacao y también café. Estas dos  provincias de San Martín son principalmente zonas de producción de cacao. Tal es el nivel de expansión que ha adquirido el cacao en estas provincias que, en el caso particular de Juanjui, estas se secan en plásticos en casi toda la ciudad. Es una ciudad con aroma de cacao.

En el tramo de Juanjui hacia Tocache ocurre, más o menos lo mismo. En  esa ruta donde antes predominaban los plásticos con coca expuestos al sol a lo largo de la marginal, ahora hay gran cantidad de plásticos con cacao secándose con el sol. En este tramo no solo el cacao está sustituyendo a la coca sino también, particularmente en Tocache, la palma aceitera, el arroz y el café. Asimismo, en todo el trayecto de Tarapoto hasta Tocache están presentes diversas empresas (entre ellas la cooperativa Naranjillo) que tienen sus centros de acopio para la exportación.

Estos cambios también están llegando a importantes zonas de producción de coca y PBC de la región San Martín. Efectivamente, zonas como Santa Rosa de Mishoyo, Sion y Uchiza están –con diferencias de grado y características- experimentando cambios notables: la coca está dejando de ser el eje central de las economías familiares. En esas zonas la coca está siendo sustituida –en unos más que en otros- por cultivos alternativos, principalmente el cacao. A continuación haremos una aproximación a estas zonas.

Sion, entre la resiembra y el cambio a otros productos (el cacao)
El centro poblado de Sion, ubicado en el distrito de Campanilla, ha sido una de las zonas más importantes de producción de coca para el narcotráfico en la provincia de Mariscal Cáceres. La pobreza de sus pobladores, la mayoría migrantes de la sierra, y la ausencia de articulación vial con Campanilla y la ciudad de Juanjui, la capital provincial, favorecieron la producción de coca y el procesamiento de PBC.

La producción de coca en esta zona data parte del primer y segundo lustro de los  80, periodo de apogeo de Campanilla asociado a “Vaticano”, narcotraficante que purga condena desde mediados de la década de los 90. En ese periodo en  el valle de Sion se producía coca pero no en grandes magnitudes. En los 90 continuaron los cultivos ilícitos y la producción de PBC. En suma, en los 80 y 90 Sion fue una zona donde la coca era literalmente libre. Una zona dominada por el cultivo de coca. Otros productos (plátanos, yuca, maíz, etc.) se producían mínimamente solo para el autoconsumo.

Así fue, solo con un corto descenso de la producción de coca entre 1996 y 1998, hasta mediados de la década pasada. Efectivamente, fue recién el año 2006 que –por primera vez- ingresó la erradicación a este valle. Se intervino los años 2006, 2008, 2009 y 2011, con la reducción de 851, 548, 197 y 283 has respectivamente. Fue, según los datos, una erradicación esporádica y fugaz. Operativos de erradicación que los cocaleros rechazaron y, en algunos casos (como en 2006), se enfrentaron a la policía en defensa la coca.

Por otro lado, debido a su aislamiento y ser zona de fuerte producción de coca, en el centro poblado de Sion y sus caseríos no opera ninguna ONG ni tampoco ha ingresado el Programa de Desarrollo Alternativo (PDA). Es decir, que a lo largo de la década que pasó, Sion ha sido una de las zonas de concentración de cultivos de coca. Una zona liberada de cultivos ilegales, de procesamiento de PBC y de traqueteros que acopian la pasta y la trasladan fuera de este valle. La droga sale por vía fluvial, utilizando el río Huallaga, según todas las referencias obtenidas, hacia Tarapoto.

La situación actual
¿Cuál es la situación actual en Sion? Sion se encuentra en un contexto post erradicación. El mes de mayo pasado, por el lapso de una semana, ingreso el Corah después de dos años (la última vez fue el 2009). Esta erradicación encontró gran cantidad de coca que había sido resembrada en ese lapso. La coca que había crecido –como antes- en el mismo Sion y alrededor de la institución educativa, fue erradicada. Es decir, que se erradicó en los mismos lugares donde se había erradicado antes.

La población, a través de sus autoridades, condenó y denunciaron supuestos excesos cometidos en el operativo de erradicación. Pero, no mostraron pruebas de lo que denunciaban. Más bien, a diferencia de otras veces, exigieron apoyo de la municipalidad distrital y provincial. La población, pues, estaba indignada y recelosa con extraños. Los ánimos, todavía, estaban caldeados. Incluso, como expresión del rechazo a la erradicación, el alcalde de centro poblado dijo públicamente que resembrarían coca.

El ofrecimiento de Ollanta Humala, en el mitin del 31 de mayo en Tingo María, de que  no habría más erradicación de la coca, fue recibido con alivio y alegría. Eso fortaleció la resiembra que muchos habían empezado inmediatamente después de la erradicación. Un profesor de la zona lo dijo: “los cocaleros están resembrando coca en zonas, pero ya no en la ciudad de Sion, sino en zonas alejadas”. Sin embargo, tras la erradicación también se pudo apreciar aspectos nuevos en la dinámica económico-productiva de la zona.

Eso puede verse en los campesinos cuyos cocales fueron erradicados. Si bien es cierto que una parte importante de estos están resembrando, sin embargo, no solo siembran coca. “Los que les han erradicado ahora también están sembrando cacao. Otros siembran plátanos y maíz”, nos señala un docente de la zona. Es decir, que los productores ya no siembran solo coca como antes, sino que están diversificando con productos como el cacao que tiene mercado. El maíz y los plátanos son productos de pan llevar y de rápida rotación.

Los demás productores, cuyos cultivos no fueron erradicados, están realizando lo mismo. “La mayoría está sembrando por su cuenta cacao y su producción la llevan a Juanjui a venderla a la cooperativa Acopagro o cualquier otra”, nos amplía el docente de la zona. Es decir que el cacao, café y plátanos son productos que los cocaleros siembran como fuente de ingresos. Así, pues, la población se mueve entre la resiembra y el cambio de cultivos. O, sobre todo, combina ambas.

Por otro lado, Sion no solo ha sido la zona cocalera por antonomasia sino también, desde el primer trimestre del 2010, la zona de refugio y retaguardia de Artemio, el cabecilla del Comité Regional del Huallaga. En efecto, según un profesor de la zona, fue invitado a participar en una reunión convocada por “negro”, como también lo conocen en el Alto Huallaga, el año pasado. La reunión fue el mes de mayo. Esta zona ha sido, nuevamente por su lejanía y la producción de coca, adoptada como una zona de retaguardia por las debilitadas columnas de Artemio.

Así, pese a los escasos y esporádicos operativos de erradicación de coca y la ausencia de programas de apoyo a la producción, hay ligeros signos de cambio en uno de los reductos casi intocado del narcotráfico en Mariscal Cáceres.  Luego, Sion sigue siendo uno de los focos de coca en la región. Es necesaria la presencia del programa de desarrollo alternativo y, simultáneamente de reducción de los cultivos de coca.

Santa Rosa de Mishoyo, la marginalidad de la coca
Hasta hace poco tiempo, Santa Rosa de Mishoyo, distrito de Pólvora, Tocache/San Martín, era la zona de mayor producción de coca de la provincia de Tocache. El corazón de la coca en dicha provincia. Una zona dominada por el narcotráfico y los cocaleros quienes –por muchos años- controlaron este centro poblado. Pero, fueron los cocaleros quienes ofrecieron una prolongada y tenaz resistencia a la reducción forzosa de los cultivos de coca.

Desde, más o menos, el 2007 esa imagen y realidad empezó a cambiar. La organización cocalera se debilitó y, con ello, también las protestas en defensa de la coca. Eso fue evidente cuando fracasó el último paro contra la erradicación, en el mes de octubre de ese año. Sin embargo, los cocaleros continuaron rechazando la presencia del programa de desarrollo alternativo. Solo querían continuar sembrando coca. En ese contexto muchos, por su propia cuenta, empezaron a cambiar.

Hoy, luego de la última erradicación, en el primer trimestre de este año, la situación ha cambiado notablemente.  El cambio es ostensible en el ingreso a la pequeña ciudad de Santa Rosa: escasas chacras (unas tres se puede divisar) de coca. El cambio se expresa en el discurso de sus autoridades.

De un lado, el agente municipal fue claro en pedir que se efectivice la firma del convenio del 27 de mayo.  Señaló, que “todos han preparado sus terrenos para la llegada de las bolsas de cacao que nos han ofrecido”. Asimismo, agregó que “hay preocupación por la demora del cumplimiento de los compromisos del convenio firmado”. Dijo también que si “el apoyo demora la gente podría volver a la coca”.

Lo mismo dijo el primer colaborador del gobernador. El fue más claro respecto a la voluntad de cambio de la población de la zona: “la gente se ha dado cuenta que no deben aferrarse a la coca por la culpa de dos dirigentes”. Luego añadió: “la gente se ha convencido que el cacao y el café son productos que tienen buen precio. Por eso, luego de la erradicación muy pocos quieren volver a resembrar”.

En efecto, en Santa Rosa hay muy poca coca. La resiembra es mínima, marginal. La disposición al cambio es mayoritaria. Y no se limita a ello. Hay  sectores importantes de la población de Santa Rosa de Mishoyo que, con su propio esfuerzo, está produciendo  cultivos de cacao, café y plátanos, sin apoyo del Programa de Desarrollo Alternativo ni de ningún organismo, sea privado o estatal.

No solo eso. Hay muchas familias que ya están cosechando cacao y lo venden en los centros de acopio que hay en zonas cercanas.  Un hecho concreto fue el caso de una señora, de más de 50 años, que estaba transportando unos 50 sacos de cacao a la ciudad de Santa Rosa proveniente del caserío Túpac Amaru, al otro lado del río Mishoyo, para dirigirse a los compradores. Unos 8 a 10 jóvenes cargaban saco por saco, de unos 50 kilos cada uno, por la pendiente que hay entre dicho río y la pequeña ciudad de Santa Rosa.

La señora dueña del cargamento dijo: “esta producción es mi propio esfuerzo, sin apoyo de nadie”. Ese encuentro fue revelador de lo que está pasando en Santa Rosa. Ver a más de diez muchachos cargando los sacos de cacao en una geografía adversa (antes tuvieron que bajar de Túpac Amaru al río Mishoyo y cruzar parte del río con bote), era el signo del cambio. Era la prueba de que Santa Rosa, hace poco principal reducto del narcotráfico en Tocache, está cambiando. Donde antes solo cargaban fardos de coca, ahora cargan sacos de cacao.

Otro dato del cambio fue que en el tramo de Santa Rosa hasta el caserío de Túpac Amaru, cruzando el río Mishoyo y luego de dos horas de camino, solo se encontró una planta de coca en una chacra de cacao. Una pobladora de este caserío confirmó lo que la observación nos proporcionaba: aquí todos estamos sembrando cacao. Con la erradicación ya casi no hay coca; un poquito sembramos para el autoconsumo”. Lo dicho por la pobladora puso en relieve a la erradicación que meses atrás pasó por la zona.

En el tramo del caserío de Túpac Amaru hasta La Quina, ubicado en la parte alta, el panorama era casi el mismo: no hay chacras de coca. Todo era cacao, plátanos y yuca. Solo en la parte alta del caserío de La Quina se encontró una chacra (una cuadra, como dicen la gente de la zona) que combinaba coca con cacao y yuca. El panorama lo dominan las chacras con cultivos de cacao y, en las zonas más altas, café. Todo hecho con esfuerzo propio.

En estos caseríos, Túpac Amaru, La Quina y El Porvenir, se pudo advertir una gran expectativa de la población por la reciente firma de un convenio con Naciones Unidas y USAID en que  estos organismos se comprometen a apoyar con la instalación de 400 hectáreas de cacao. Pocos días antes, se había firmado el convenio con cuatro caseríos en el que participó la alcaldesa de Tocache, Karina de la Cruz.

Es decir, es la misma población la que, con su propio esfuerzo (los convenios recién se han firmado), está cultivando cacao, plátano y café, productos que tienen buen precio, incluso considerando el ligero descenso del precio del cacao (el kilo estaba S/6.50). La prueba de ello es que la señora que sacó sus 50 sacos de coca de Túpac Amaru a Santa Rosa, en pocas horas (a eso de las  3 pm) ya los había vendido en Puerto Pizana. Eso también es otro cambio. Antes Pizana era un centro de acopio y comercialización de coca: ahora allí existen varios puntos de acopio del cacao.

Esos son datos concretos de la realidad de Santa Rosa de Mishoyo. No es un proceso impuesto por alguien de fuera. Son los mismos productores quienes lo están impulsando. En suma, el último reducto del narcotráfico en Tocache, está en pleno cambio: los campesinos están abandonando la coca por otros productos, principalmente el cacao y café. La coca y el narcotráfico se baten en retirada de Santa Rosa de Mishoyo, la zona donde vivía Nancy Obregón, ex congresista de la república.

La tendencia es a la reducción y marginalidad de los cultivos de coca. La resiembra es mínima. El cambio que está en curso en este valle ha sido posible principalmente por la erradicación de cultivos ilegales, por los buenos precios que tienen hoy el cacao, café y plátano, y por la ejecución de programas de desarrollo alternativo. Sin embargo, nada indica que ese cambio sea irreversible. Eso dependerá de una mayor presencia de programas de desarrollo en la zona, así como –cuando la situación amerite- de reducción de las eventuales resiembras de coca. Sin duda, que habrá que estar alerta a cualquier resiembra significativa.

Uchiza 
A diferencia de Santa Rosa, en Uchiza, antigua zona de Fernando Zevallos, definitivamente la coca es mínima y marginal. El paisaje general de Uchiza y sus comunidades están dominados por las plantaciones de palma aceitera, cacao, palmito, arroz, plátano y, en las partes altas, café. El cambio es notable.

Dos zonas son ilustrativas del cambio. Por un lado, la comunidad de Paraíso, ubicada en la frontera con el distrito de Cholón (Marañón/Huánuco), donde predomina el cacao, plátanos y la palma aceitera; también el arroz. Todo el tramo de Uchiza a Paraíso, está signado por plantaciones de plátanos y maíz. En las comunidades de Pampa Hermosa y Campo Verde, ubicados en la parte alta, predomina el cultivo de café. Y según varias versiones, pequeñas plantaciones de coca.

De otro lado, la comunidad de Crisneja, ubicado en la parte alta del distrito de Uchiza, donde predomina la producción de café y maíz morado, así como yuca. Comunidades como Cajatambo y Santo Domingo son zonas cafeteras. Gran parte de la producción de café es producto del esfuerzo de la población. En estas comunidades, la coca es casi inexistente.

Es así como Uchiza, el antiguo centro de operaciones de Fernando Zevallos es ahora una zona de producción de cultivos lícitos que tienen mercado nacional pero, sobre todo internacional. Cambio que, al igual que en Santa Rosa de Mishoyo y, en menor medida, en Sion, es por la erradicación y la implementación de programas de desarrollo alternativo.